Biografia de Carlos Freixas Baleitó por Manuel Barrero.

Carlos
Freixas estudió dibujo en la Escuela de Bellas Artes de San
Jorge, en Barcelona, y muy joven ingresó como aprendiz en
un taller de escenografía. Sus primeros paso como ilustrador
fueron guiados por Emilio Freixas, según él mismo
recordaba en las páginas de Xanadú: «Me inicio
en el arte del dibujo bajo la dirección de mi padre, cuando
cumplo los 14 años. A los 16, aún no terminada la
Guerra Civil española, ingreso en un taller de escenografía
donde me perfecciono en perspectiva, composición y colorido.»
De su padre heredó la mano suelta para el dibujo y el dominio
del movimiento, y con él comenzó colaborando en la
revista Lecturas y en las populares láminas que se servían
como Lecciones de dibujo artístico. Ya en Lecturas # 207
(de 1942), donde ilustra los relatos "La Revancha", de
Binet Valmer, y "La muerte de mi doble", de José
Mª Salaverría, Carlos se demuestra fiel discípulo
de su padre y también toma cosas de Bocquett. De esa amalgama
de influencias quiso surgir un dibujante elegante y de plumada larga,
pero que no alcanzaría el carácter etéreo y
el idealismo ilustrativo de Emilio Freixas.

También de la mano de su padre entró Carlos en la
editorial Molino, en 1939, para realizar ilustraciones y portadas
de libros (como Marujita, de 1942). Por entonces el amor por la
historieta les pudo a ambos y, con el concurso de Angel Puigmiquel,
fundaron su propia publicación de historietas, Mosquito,
en 1944. Bajo ese sello se agruparon los seriales "El Capitán
Misterio", de E. Freixas, "Pepe Carter", de Puigmiquel
y el primer personaje de Carlos, "Pistol Jim", que tras
fracasar por una mala distribución llevaría a las
páginas de Gran Chicos y, más tarde, a la revista
de editorial Plaza El Coyote. En esta última publicación,
según comentaba Luis Gasca, las páginas de "Pistol
Jim" aparecieron reproducidas alternando color y blanco y negro
«y por imperativos de montaje, Ediciones Cliper encargó
a Tomás Porto la ilustración de unas viñetas
complementarias que venían a sustituir las cabeceras de cada
página. El trabajo de Porto con un estilo totalmente opuesto,
dañó considerablemente a la calidad de la historieta».
El estilo desarrollado por Freixas en Pistol Jim es memorable, posiblemente
el más suelto de toda su

producción,
lo cual juzgaba Luis Gasca con estas palabras en 1969: «Su
estilo unía con acierto la línea ágil y dinámica
de su padre, junto con una notoria admiración por Alex Raymond,
particularmente en los tipos femeninos, todo ello con un vigor muy
"americano" y eficaz». Y el mismo Carlos lo refrendaba
con estas declaraciones hechas en Argentina a E. Lipszick: «No
soy un aficionado de la línea, más bien de la "atmósfera".
Busco en el dibujo, captar el sentido dramático más
que lo decorativo. Me interesa la acción, la vida, la soltura
en las figuras.» Esta actitud alejaba a Carlos del decorativismo
preclaro en la obra de su padre Emilio. De hecho, es por entonces
que, sobre todo en sus obras para Chicos, el hijo de Emilio Freixas
adopta la firma Carlos Balito con intención de separar su
nombre del de su progenitor, lo cual también prosigue haciendo
en lo estético, alejándose de la línea exquisita
de su padre y adoptando un estilo más fosco en sus producciones
posteriores fuera de España.
Oportuna fue, pues, la oferta que

le hiciera a Carlos editorial Molino en 1947 para que trabajase
en su división argentina. Atravesó el océano
y tras fijar su residencia en Buenos Aires, ya desde su primera
obra (publicada en Patoruzito, en 1947), su trabajo limpio y aseado
caló entre el público argentino. Sobre todo por sus
colaboraciones con Alberto Ongaro, quien escribió para él
"Drake el Aventurero" (con destino a Misterix), y por
sus dibujos bajo guiones del gran Héctor G. Oesterheld, con
quien trabajó en "El Indio Suarez" (para Rayo Rojo).
En Drake, según ha comentado Rosales, «su dibujo era
suelto, metido en la línea oscura, con negros plenos sombreando,
sugiriendo; en El Indio su estilo se vuelve más depurado,
más limpio, preciso, aunque sin abandonar del todo la mancha
que roza con la pintura».
También fue Carlos Freixas autor de "Darío Malbrán
psicoanalista" para la revista Aventuras, una serie desarrollada
en el ambiente de Buenos Aires y para la que su autor tomó
toneladas de apuntes del natural paseando por las calles bonaerenses
y empapándose del ambiente porteño. Colaboró
con las editoriales Codex y Sopena y con Dante Quinterno en la mítica
Patoruzito, para la cual desarrolló la serie ambientada en
el mundo del boxeo "Tucho, de canilla a campeón".
También dibujó aventuras detectivescas ("Elmer
King"), de héroes del automovilismo ("Juan Manuel
Fangio" y otros deportistas del momento) e hizo muchas ilustraciones
para las revistas Leoplán, Maribel y Chabela, y portadas
en color para libros infantiles de la editorial Codex; asimismo,
lo intentó con la publicidad. Se codeó con Salinas,
Joao Mottini, Breccia, Hugo Pratt, Albistur, Raul Roux, Premiani,
y acudió con frecuencia a la Escuela Panamericana de Arte,
lugar de reunión de los anteriores que departían bajo
la «égida» de Enrique Lipszick. De hecho, Carlos
impartió algunas clases bajo su dirección y formó
parte del l

lamado
"Grupo de los 12 Famosos Artistas de la Escuela Panamericana
de Arte" (según Rosales) integrado por Breccia, Pratt,
Claro, Vieytes, Borisif, Pereira, Luis Domínguez, Narciso
Bayón... Mediada la década de los cincuenta, Carlos
llegó a acariciar el sueño de ser editor, concretamente
de cuentos infantiles que pretendía ilustras al lado de Nazar
Halebian, socio en la empresa y también ilustrador.
Aunque ya era una figura conocida en la profesión, llegado
1956 Freixas tomó la decisión repentina de abandonar
la Argentina: dejó de dibujar "Drake" tras la desaparición
de Misterix, dejó "El Indio" en manos de Carlos
Cruz, otro español inmigrante, y, en un «ataque de
añoranza» tomó un barco para Barcelona en noviembre
de 1955.
Llegado a España, aparte de seguir colaborando con su padre
en la elaboración de láminas de dibujo, se integró
en Bruguera para algún trabajo circunstancial (Bolsilibros,
1955), pero sobre todo entre los profesionales de Creaciones Ilustradas,
que distribuyó casi todas sus viñetas para Inglaterra
a partir de 1956 (en publicaciones como Valentina, Marilyn, Bounty
y otras de IPC). Según Tadeo Juan, colaboró sin firma
en «todas las producciones de Emilio Freixas» desde
1960 y en solitario tan sólo preparó el libro editado
por Sucesor de E. Meseguer: El dibujo a pluma (1967). Destaca su
colaboración, en 1975, con el editor Juan Martí Pavón
para la revista Chito, donde se hizo una hermosa remembranza de
la carrera de su padre Emilio, y, luego, su trabajo para Bruguera:
la adaptación al cómic de la obra de Joseph Conrad
Gaspar Ruiz, para algunos su mejor obra si bien no pudo ser apreciada
debidamente por el público dada su pésima edición.
En los años ochenta siguió laborando para Bruguera,
hizo algunos trabajos de carácter meramente alimenticio e
incluso llegó a dibujar historietas de terror. Durante la
parte final de su carrera como dibujante elaboró historietas
para Estados Unidos, Holanda y Suecia, dedicándo casi en
exclusiva los últimos años de su vida a la revista
Tina (Bardon Comics). A la muerte de su padre, continuó su
labor de ilustración de láminas y libros.
Fue un buen artesano de la historieta, eficaz, capaz de hacer una
narrativa útil, que según las influencias que recibía
y asimilaba llegó a dar obras destacables; y siempre fue
amable y educado.